GASTRONOMÍA Y CULTURA

OCTUBRE

16 “Miravet”, símbolo templario sobre el Ebro

Situado en lo alto de un abrupto promontorio que domina una amplia curva del río Ebro, el Castell de Miravet constituye uno de los ejemplos más sobresalientes de la arquitectura militar templaria en la Península Ibérica.

Su emplazamiento, en el municipio homónimo de la comarca de la Ribera d’Ebre , no solo responde a criterios defensivos y estratégicos, sino también a una concepción simbólica del poder, que asocia la fortaleza con la vigilancia y el dominio del territorio circundante.

El origen del conjunto se remonta a la época islámica, cuando los musulmanes erigieron una primera fortificación sobre la roca que servía tanto de refugio como de punto de control sobre el curso medio del Ebro. Tras la conquista cristiana de la región en 1153, el conde Ramón Berenguer IV cedió la fortaleza a la Orden del Temple, cuyos miembros transformaron el enclave en un castillo-convento de dimensiones monumentales. Las reformas templarias dotaron al conjunto de un marcado carácter austero, funcional y espiritual, en consonancia con la ideología de la orden.

El castillo presenta un recinto poligonal amurallado, reforzado con torres de gran altura y un patio de armas central. Entre las dependencias interiores destacan la iglesia románica de una sola nave, las antiguas caballerizas, la cisterna excavada en la roca y los espacios residenciales destinados a los caballeros. El empleo de la piedra de sillería, el rigor geométrico de las estructuras y la sobriedad ornamental confieren al conjunto una monumentalidad serena y majestuosa.

Durante los siglos posteriores, Miravet fue escenario de diversos episodios bélicos, especialmente durante la disolución de la Orden del Temple a comienzos del siglo XIV, cuando el castillo resistió uno de los asedios más prolongados de la Corona de Aragón. En épocas más recientes, la fortaleza fue también testigo de enfrentamientos durante las Guerras Carlistas y la Guerra Civil Española, lo que acrecentó su dimensión simbólica como bastión de resistencia.

Hoy, el Castillo de Miravet se erige no solo como vestigio material del pasado medieval catalán, sino como un referente patrimonial de primer orden dentro del conjunto histórico del Ebro.

Desde sus murallas se contempla un panorama de excepcional belleza, en el que el curso del río serpentea entre cultivos, colinas y pueblos que conservan su identidad rural. El enclave invita, así, a una reflexión sobre la continuidad entre naturaleza, historia y memoria colectiva.

NOVIEMBRE

20 Moià”. Tenor Wagneriano: Francisco Viñas

Es considerado uno de los más importantes intérpretes wagnerianos de finales del siglo XIX y principios del XX. Debutó en el Teatro del Liceo en 1888 interpretando Lohengrin. Francisco Viñas (Moià, Barcelona, 27 de marzo de 1863 – Barcelona, 14 de julio de 1933) fue uno de los tenores más destacados del panorama lírico internacional de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su figura ocupa un lugar preeminente en la historia de la interpretación operística, particularmente en el ámbito del repertorio wagneriano, donde su nombre llegó a ser sinónimo de excelencia, rigor y sensibilidad artística. Formado en el Conservatorio del Liceo de Barcelona bajo la tutela del maestro Gonçal Tintorer, Viñas demostró desde sus primeras apariciones una voz de singular belleza y una inteligencia musical poco común. Su debut tuvo lugar en 1888 en el Gran Teatre del Liceu, interpretando el papel de Lohengrin en la ópera homónima de Richard Wagner. La crítica coincidió en señalar aquella interpretación como un acontecimiento histórico: Viñas encarnaba, por primera vez en España, el ideal wagneriano con autenticidad estilística y hondura expresiva. La carrera internacional de Francisco Viñas se consolidó rápidamente. Fue invitado a los principales teatros de Europa y América —La Scala de Milán, el Teatro Real de Madrid, la Ópera de París y el Metropolitan Opera de Nueva York, entre otros—, donde su canto se distinguió por una combinación poco frecuente de lirismo mediterráneo y nobleza germánica. Su dominio de la técnica del mezza voce, la pureza de su emisión y su comprensión profunda de los dramas musicales wagnerianos le valieron la admiración de compositores, de directores y críticos de su tiempo. En reconocimiento a su legado, tras su muerte se instituyó en Barcelona el Concurs Internacional de Cant Francesc Viñas, certamen que desde 1963 continúa fomentando el desarrollo de nuevas generaciones de cantantes líricos y perpetuando la memoria de quien supo unir el espíritu wagneriano con la sensibilidad latina. Francisco Viñas representa, en suma, una figura puente entre la tradición romántica europea y la modernidad interpretativa del siglo XX. Su trayectoria ilustra el grado de madurez artística alcanzado por la escuela lírica española en un contexto internacional dominado por los grandes colosos del canto wagneriano.

ENERO 2026

22 “Calçotada” de Fra Diavolo

Visita a una bodega de Sant Sadurní d’Aonià. En el marco de una actividad de carácter enológico y cultural, realizamos una visita a una reconocida bodega situada en Sant Sadurní d’Anoia, localidad emblemática del Alt Penedès y considerada la cuna del cava catalán. La experiencia nos permitirá adentrarse no solo en los aspectos técnicos del proceso de elaboración de este vino espumoso, sino también en la dimensión histórica, social y simbólica que el cava ocupa dentro de la identidad del territorio. A continuación nos dirigiremos a nuestro restaurante predilecto, para realizar nuestra tradicional calçotada. La calçotada constituye una de las manifestaciones gastronómicas y sociales más representativas de la cultura popular de nuestra tierra. Este evento culinario, centrado en el consumo colectivo de calçots —una variedad de cebolla tierna y alargada—, trasciende el ámbito estrictamente alimentario para erigirse en un símbolo de convivencia, identidad regional y continuidad de las costumbres rurales del interior de Cataluña. El origen de la calçotada se sitúa en la comarca de l’Alt Camp, concretamente en la localidad de Valls , hacia finales del siglo XIX o comienzos del XX. La tradición atribuye su invención a un campesino conocido como “Xat de Benaiges”, quien, según la narración popular, descubrió accidentalmente la técnica de asar los calçots sobre las llamas al dejar unas cebollas tiernas demasiado tiempo al fuego. Este hallazgo fortuito dio lugar a un nuevo modo de preparación que realzaba el sabor dulce y tierno de la hortaliza, especialmente cuando se servía acompañada de la salsa romesco o salvitxada, elaborada con tomates, ñoras, almendras, avellanas, ajo y aceite de oliva.

Hora. 09:00
Lugar: Plaça Francesc Macià