Símbolo de libertad, pasión y fatalidad.
El personaje de Carmen, creado por Georges Bizet a partir de la novela homónima de Prosper Mérimée (1845), constituye una de las figuras más complejas, transgresoras y emblemáticas de la historia de la ópera.
Estrenada en la Opéra-Comique de París en 1875, la obra supuso una auténtica ruptura con los cánones morales y estéticos de su tiempo, tanto por la intensidad dramática de su argumento como por la fuerza simbólica de su protagonista, cuya libertad y sensualidad escandalizaron a la sociedad burguesa decimonónica.
Musicalmente, Bizet recurre a un lenguaje innovador en el que la armonía, el color orquestal y el ritmo evocan un ambiente andaluz idealizado, en consonancia con el gusto orientalista del siglo XIX.
Sin embargo, el uso de temas populares, danzas como la habanera o la seguidilla, y la caracterización melódica de Carmen a través de tonalidades ambiguas, subrayan su carácter imprevisible y magnético.
Desde una perspectiva simbólica, Carmen encarna la libertad absoluta frente a las convenciones sociales y morales. Se presenta como una mujer emancipada, ajena a las normas de sumisión o dependencia masculina. Su célebre aria, “L’amour est un oiseau rebelle” (“El amor es un pájaro rebelde”), constituye una auténtica declaración de independencia sentimental: el amor, al igual que ella, no puede ser poseído ni domesticado.
NOVIEMBRE
6 de noviembre “Dalila”: Símbolo de seducción y poder
El personaje de Dalila, protagonista femenina de la ópera Samson et Dalila de Camille Saint-Saëns, ocupa un lugar preeminente dentro del repertorio lírico del siglo XIX.
La obra, estrenada en Weimar en 1877 bajo la dirección de Franz Liszt, constituye una de las más destacadas expresiones del romanticismo francés y se inspira en el episodio bíblico relatado en el Libro de los Jueces (capítulos 13-16), en el cual Dalila traiciona a Sansón, héroe del pueblo hebreo, revelando el secreto de su fuerza al enemigo filisteo.
Desde una perspectiva dramática y psicológica, Dalila encarna la figura arquetípica de la mujer seductora y ambivalente, cuya belleza y poder emocional se convierten en instrumentos de destrucción.
Sin embargo, Saint-Saëns y su libretista, Ferdinand Lemaire, logran conferir al personaje una notable profundidad humana, alejándola del mero estereotipo de la “femme fatale” para presentarla como un ser movido por pasiones contradictorias: el amor, el deseo y la venganza.
13 “Salomé”: Erotismo y muerte
Encarnación del deseo irracional y destrutivo.
El personaje de Salomé, protagonista de la ópera homónima de Richard Strauss (estrenada en Dresde en 1905), constituye una de las figuras más complejas y perturbadoras del teatro musical del siglo XX.
Inspirada en la obra teatral Salomé (1891) de Oscar Wilde, la ópera de Strauss retoma el célebre episodio bíblico narrado en los Evangelios, en el que la joven princesa, hija de Herodías y sobrina del tetrarca Herodes, exige la cabeza de Juan el Bautista (Jokanaan) como recompensa por su danza.
No obstante, Strauss, siguiendo el enfoque simbolista y decadentista de Wilde, reinterpreta el mito desde una perspectiva profundamente psicológica y expresionista.
Salomé deja de ser un mero instrumento de la venganza materna para convertirse en una figura autónoma, movida por un deseo obsesivo y transgresor. Su pasión por Jokanaan trasciende los límites morales y religiosos, y se convierte en una metáfora de la atracción entre el eros y la muerte —uno de los temas centrales del modernismo europeo.
Conferenciante. Dr. Marc Heilbron Bolsa de Barcelona. Passeig de Gràcia 19 bis Espacio Fra Diavolo